sábado, 6 de abril de 2013

LECTURAS DE LA MISA



Domingo 7 de Abril – Octava de Pascua – Domingo 2º de Pascua – o de la Divina Misericordia. Blanco.
“La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el primer Domingo después del Domingo de Pascua. Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella, el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo” (http://es.catholic.net/celebraciones/120/3051/articulo.php?id=16783).
LECTURA
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.  Hech 5, 12-16
Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban sanados.
Palabra de Dios.
Comentario
El pueblo ahora se convoca en torno de los apóstoles. Todos saben que los signos no vienen de ellos, sino de Jesús, porque “crecía el número de creyentes que se unía al Señor”. Comprometidos con el pueblo, los apóstoles manifiestan a Jesús.
SALMO   Sal 117, 2-4. 13-15. 22-27a
R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
O bien:
Aleluya.
Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Éste es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él. R.
Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura del Libro del Apocalipsis.  Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19
Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía: “Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias que están en Asia”. Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro. Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: “No temas: Yo soy el Primero y el Último, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo. Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro”.
Palabra de Dios.
Comentario
“Yo soy el Alfa y la Omega, primera y última letras del alfabeto griego, que expresan el comienzo y fin de todas las cosas. El transcurso de la historia (creación y revelación) es una especie de libro o poema alfabético donde todo está incluido. Dios mismo se vuelve así revelación escrita, conforme a un motivo común del judaísmo tardío (Dios se revela en el libro de su Ley) y del Islam (la verdad y realidad de Dios es el Corán)” (X. Picaza, Apocalipsis, Ed. Verbo Divino).
EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan.  Jn 20, 19-31
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”. Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”. Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Éstos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Comentario
“El saludo de Jesús de Nazaret crucificado y resucitado deseando la paz muestra que es algo más que un simple saludo: es una afirmación teológica que será la fuente de la alegría cristiana. Es una paz que contrasta con los miedos y las puertas cerradas. Es una paz que abre espacios y crea acciones valientes. Jesús de Nazaret resucitado se identifica con las marcas visibles de los estigmas en sus manos y la herida en su costado. Las marcas de la cruz son iluminadas desde la perspectiva de la resurrección como un signo de esperanza para todos aquellos y aquellas que trabajan por un mundo justo y solidario, por una iglesia y una sociedad que incluya en dignidad a todos sus hijos e hijas. A la vez esos signos de la cruz iluminan la resurrección dándole contenido y sentido. No es un acto mágico sino que es la victoria de un proyecto, es la afirmación que el Reino está realmente en medio de todos nosotros y nosotras” (http://pastoralsida.com.ar/paginas_internas/desafios_de_la_palabra/b_2pascua.htm).
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